A veces se necesita acción y otras veces se necesita esperar, apostar por la paciencia. Y generalmente sabes distinguir por instinto la diferencia. No siempre puedes salir de una depresión con tu propia voluntad, solo con desearlo. A veces, lo único que se puede hacer es reducir el ritmo vital y descansar hasta que cambien las condiciones. Esto no es lo mismo que rendirse ni esperar que alguien más te rescate, te inspire o te dé permiso para avanzar. No se trata de que nadie te saque las castañas del fuego, sino de confiar en tu propio ritmo.