Cuando piensas racionalmente, comprendes que todos somos imperfectos, incluido tú mismo, y que lo haces lo mejor que puedes en un mundo difícil. Pero en tus momentos menos sensatos, tu mente se aferra a todos los errores que has cometido o a las veces que has tratado a los demás sin pensar o incluso a los comentarios más pequeños y ridículos de los que desearías retractarte. La vergüenza surge y te abruma, y empiezas a preguntarte si tus defectos, en conjunto, indican algo malo de ti. No es así, por supuesto, y esta semana recuérdate a ti mismo tantas veces como sea necesario que eres humano, que aún estás descubriéndolo todo y que siempre lo harás, y que no hay nada de lo que arrepentirse.