Es totalmente razonable observar el mundo que nos rodea y tratar de visualizar lo que nos puede deparar el futuro, sólo para acabar desanimados. En todas partes, al parecer, se priva a la gente de sus necesidades, de sus derechos humanos, y los más crueles y codiciosos acumulan poder, y nadie viene a salvarte, al menos no que puedas ver. Pero por muy natural que sea perderse en la melancolía, no es lo mejor en estos momentos. La situación es mala, pero no desesperada. Todavía merece la pena luchar por ella, por el mundo y por tu propia felicidad.